Exacto, todo vuelve, nada se queda en el olvido. Es maravilloso como incluso viejas amistades que creías olvidadas, llegan y te agarran del brazo y no te sueltan y te apoyan... y es como si nunca se hubieran ido. Y, en cierto modo, así es, aunque no estuvieran a tu lado físicamente, en tu interior siempre te acompañaron.
NM.
Reflexiones, libros, películas... reflexiones. Una ventana para poder expresarme. Espero que te guste.
lunes, 7 de mayo de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
Triste.
La experiencia, cruda experiencia, me ha demostrado que no puedes fiarte de nadie, ni siquiera tengo claro si aún confío en mí misma... El ser humano se equivoca, pero no es lo mismo "cometer un error", a dar puñaladas por la espalda a la gente que se ha apoyado en ti y que te ha apoyado. He descubierto que, a veces, la persona más confiable de todas es aquella que se presenta en anónimo, aquella que puedes contarle tus problemas, pero que no sabes quién es, ni sabe quién eres, porque, aunque es cierto que la gente que no te conoce te juzga más duramente, también son más objetivos en cuanto a aconsejarte con tus problemas personales, porque no están influenciados ni por otras personas, ni por relaciones personales, ni por sus propios intereses.... y al final, terminan siendo los más sinceros... lo que debe ser un verdadero amigo. Ahí lo dejo..., quizás alguien deba replantearse qué coño está haciendo en su vida con los demás, con la gente que lo rodea.
RP.
viernes, 27 de enero de 2012
miércoles, 18 de enero de 2012
LA HISTORIA DE UNA VIDA.
Todo adolescente se encuentra ante este peligro, ante este pozo, y la gran mayoría cae alguna vez, quien más repite y se tropieza y vuelve a caer. Yo he caído, alguna vez he tropezado y he rozado la superficie de este torbellino, pero jamás había llegado tan hondo. Para quién aún no lo ha entendido, quién aún no tiene esta conciencia, en la vida existen, ciertamente, varias etapas. La maravillosa, preciada infancia; la lúcida madurez; la dulce e imperturbable vejez; y la complicada, dolorosa, extraña, adolescencia, una mezcla de amor, odio, sentimientos muy diversos se reúnen y los sentimos todos juntos en nuestro interior, deseosos de salir, de ver el mundo, pero tan incomprensibles, como vulnerables nos sentimos ante ellos. Todo lo que nos rodea, familia, amigos, enemigos, situaciones, amores y desamores, se encuentran juntos en un pozo imaginario, agitados por un torbellino que vive en el centro e interior de este magnificente pozo. Yo me he caído en su interior, repito, y las aguas de este mar encerrado en un muro de prejuicios sociales me ha atrapado, llevándome consigo hasta el mismo torbellino, donde todo lo que rehuyo se concentra de pronto en mi persona; recriminaciones, sentimientos dolidos, palabras que hieren, dudas constantes... y no soy, no siempre se es lo suficientemente fuerte como para soportarlo todo, no con una sonrisa, sino simplemente con una expresión neutral. Me desplomo, lloro, sufro, pero a pesar de todo me siento liberada, desahogada, porque de verdad siento que me ahogo, que algo en mi interior se muere, quedando vacío, cómo si en mi corazón y en mi alma hubiera hecho una mudanza, y nada importase ya. Pero hay que seguir adelante, no hay otra opción, el camino, o continúa, o nada, porque lo único que podemos hacer es progresar o dar media vuelta y salir corriendo, pero si volvemos atrás, aún así no podremos recuperar el tiempo perdido, ni cambiar el pasado. Por fortuna, el torbellino de esas aguas, aunque lentamente, me conduce a su mismo corazón, donde quizás encuentre algo de sosiego, como si fuera el ojo del huracán, donde la paz es palpable... supongo que lo mismo será en el centro del torbellino. Y efectivamente, por un momento me siento mejor, aunque hayan cosas sin resolver aún, aunque todavía busque las respuestas que no se me han dado y que, sin embargo, necesito, algo florece en mi interior, no me siento tan sola, y la tristeza remite algo. Pero no es posible parar el tiempo, éste fluye y es irrecuperable, así que de nuevo me hundo en lo más profundo de las aguas del pozo, pero no vuelve la depresión, también hay paz, una extraña paz como si nada hiciera falta, como si no necesitase respirar, sobrando las palabras porque no hay nada que decir, en una oscuridad que en apenas un abrir y cerrar de ojos se convertirá en luz, en la luz más pura que mi corazón y mi alma jamás pueda contemplar. Y, aunque todavía no he llegado a sentirlo, no he llegado al final de este camino, disfruto ahora de la etérea paz que, aunque sin respuestas ni razones, sin explicaciones, siento en lo más hondo de mi ser. Ya veré la luz, no tengo prisa, lo ansío, sí, pero sé esperar, no seré una desesperada que arruina su vida por las malditas prisas de todos los días, tomémonos esto con calma...
NID.
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